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El día que me di cuenta de que no estaba bien: el impacto del estrés traumático secundario en tu crianza

By Dr. Marie Labranche, LMFT ·

A lo largo de tu camino como padre o madre, puede que haya días en los que te hayas sentido agotado pero incapaz de dormir, ansioso sin una razón clara o abrumado por el mundo emocional de tu hijo. Si estas situaciones te afectan con frecuencia, es posible que estés experimentando estrés traumático secundario, una realidad común entre los padres que crían a niños con antecedentes de trauma.

El estrés traumático secundario es diferente al agotamiento emocional. El agotamiento emocional surge del estrés y la sobrecarga acumulados con el tiempo, mientras que el estrés traumático secundario se desarrolla específicamente por la exposición al trauma.

Cuando te comprometes a acompañar a tu hijo en su proceso de sanidad, es posible que también cargues con los efectos de su trauma. Esto no significa que estés fallando como padre o cuidador. Más bien, es posible que las cargas que has visto llevar a tu hijo también hayan comenzado a pesar sobre ti. Entonces, ¿cómo puedes cuidar de un niño que está sufriendo sin sacrificar tu bienestar mental, emocional y espiritual?

Te damos la bienvenida a nuestra nueva serie de 8 partes: Cuidando tu alma. Durante los próximos dos meses, estaremos publicando artículos para ayudar a padres y cuidadores a comprender cómo cuidarse a sí mismos mientras acompañan a un niño que ha vivido experiencias traumáticas.

El estrés traumático secundario y su impacto en ti

El impacto emocional, físico y espiritual de cuidar a alguien que ha vivido experiencias traumáticas puede provocar estrés traumático secundario. Como padre o cuidador, esto ocurre cuando comienzas a absorber el impacto emocional del trauma de tu hijo.

Cuando tu hijo ha atravesado una experiencia traumática, es natural que quieras protegerlo, consolarlo y ayudarlo a llevar sus cargas. Reaccionar de esta manera es una respuesta humana y natural cuando te importa profundamente alguien que ha sido herido.

El estrés traumático secundario afecta con frecuencia a padres y cuidadores, especialmente cuando un niño ha estado expuesto a experiencias traumáticas como el abuso, el abandono, la negligencia o situaciones familiares complejas, como el divorcio, la separación o la disfunción familiar.

Un ejemplo de estrés traumático secundario ocurre cuando tu hijo siente miedo por las noches y tú comienzas a experimentar ese mismo temor o ansiedad al acercarse la hora de dormir, incluso en noches en las que tu hijo está seguro y duerme tranquilamente. Tu sistema nervioso puede comenzar a reflejar la angustia de tu hijo. Algunas señales de estrés traumático secundario incluyen:

  • Dificultades para dormir o agotamiento crónico.
  • Sentir ansiedad ante situaciones que te recuerdan el trauma de tu hijo.
  • Sentirte abrumado por las emociones de tu hijo.
  • Sentir como si el trauma de tu hijo se estuviera convirtiendo en una carga propia.

Cómo afrontar el estrés traumático secundario

Acompañar a un niño mientras enfrenta los efectos del trauma puede afectar tu propio bienestar emocional y físico. Si estás experimentando estrés traumático secundario, estas tres estrategias pueden ayudarte a mantenerte firme y resiliente.

  1. Lleva tus cargas a Dios. Nuestro descanso se encuentra en Cristo y en la verdad de Su Palabra. ¿Qué te enseñan las Escrituras sobre cómo responder cuando te sientes cansado y abrumado? Dedica tiempo a la oración y a meditar en la Palabra de Dios. Pon tus cargas a los pies del Padre y pídele al Espíritu Santo que renueve tus fuerzas y te dé sabiduría para el camino que tienes por delante.
  2. Establece límites saludables. Los límites saludables brindan la estructura y la estabilidad que las familias necesitan para florecer. Crea hábitos, rutinas y expectativas que apoyen tanto las necesidades de tu hijo como tu propio bienestar. Esto puede incluir reservar tiempo para descansar, pedir ayuda cuando la necesites, limitar compromisos que generen estrés innecesario y establecer rutinas familiares predecibles.
  3. Busca orientación y apoyo. Comparte tus luchas con un amigo de confianza, un pastor o un terapeuta cristiano, y permite que otros oren por ti. También puedes unirte a un grupo de apoyo para padres que comprenda el impacto del trauma. La Biblia nos enseña a llevar las cargas los unos de los otros. Cuando el peso que llevas parece demasiado grande, muchas veces es una señal de que Dios te invita a depender más profundamente de Él, y no de tus propias fuerzas ni de tu capacidad de resistencia, sino de las Suyas.

La presencia de Dios en tu camino

Mientras atraviesas el peso del estrés traumático secundario, recuerda que Dios nunca quiso que llevaras estas cargas por tu cuenta. Lleva tus preocupaciones, tu dolor, tu agotamiento y tus preguntas delante de Él, confiando en Su invitación a poner todas tus cargas en Sus manos. Puedes tener la certeza de que, al entregar tus cargas al Señor, Él cuidará de ti. Como nos recuerda la Biblia: “Entrégale tus cargas al Señor, y él cuidará de ti” (Salmos 55:22 NTV).

Confía en que el Padre te escucha, te sostiene y te fortalece, porque Él no se aleja en medio de las dificultades. Al contrario, permanece a tu lado, dispuesto a sostenerte y ayudarte a soltar el peso que nunca debiste cargar por tu cuenta.

CONCLUSIÓN CLAVE

El estrés traumático secundario es la carga emocional que puede surgir cuando cuidas a alguien que ha vivido experiencias traumáticas. Al reconocer sus señales a tiempo y cuidar tu bienestar emocional, físico y espiritual, puedes seguir siendo una presencia estable para tu hijo mientras permites que Dios te fortalezca, te consuele y te dé descanso.

PREGUNTAS PARA APLICAR

  1. ¿Estás lidiando con estrés traumático secundario en tu vida? Pídele al Señor que te ayude a reconocer sus señales.
  2. La próxima vez que notes señales de estrés traumático secundario, ¿cómo podrías poner en práctica alguna de las estrategias mencionadas en este artículo?

ACTIVIDAD

Ayuda a tu hijo a recordar que Dios siempre está con nosotros, tanto en los buenos como en los malos momentos, con una actividad como Montañas y valles. Encuentra este juego y muchos más en la colección de actividades de Momentos Cotidianos™.

VERSÍCULO CLAVE

“Él nos consuela en todas nuestras dificultades para que nosotros podamos consolar a otros. Cuando otros pasen por dificultades, podremos ofrecerles el mismo consuelo que Dios nos ha dado a nosotros.” ~ 2 Corintios 1:4 (NTV)

ORACIÓN

Padre celestial, llena mi hogar de Tu paz, mi mente de Tu verdad y mi cuerpo de Tu descanso. Fortaléceme con Tu gozo mientras atravieso esta etapa de mi crianza. En el nombre de Jesús, amén.

SOBRE EL AUTOR

Dr. Marie Labranche, LMFT

Dr. Marie Labranche is a clinical psychologist and a licensed marriage and family therapist in the state of Florida. She was raised in the great melting pot of Brooklyn, New York. She is a professor of Psychology and an adjunct instructor, speaker and author. She is in private practice in North Palm Beach, FL where she specializes in helping adults heal childhood trauma. She is a wife, mother and brand-new grandmother and enjoys reading, writing and preaching the good news of the gospel of Jesus Christ.